martes, 21 de septiembre de 2010

Utilidad y Significado Mariana Castañeda Andrade

Utilidad y Significado
Mariana Castañeda Andrade


En este capítulo se analiza la diferencia entre los conceptos de utilidad y significado como parte de lo que conocemos como función.

Si consideramos la premisa del arquitecto estadounidense Louis Sullivan, acerca de que “la forma siempre sigue a la función”, entenderemos que la función de un objeto determinará su forma, aunque “el concepto de Sullivan de función englobaba el uso de la decoración como un elemento integrado en el diseño” (1)

Así entonces, el diseño de cualquier objeto implicará tomar en cuenta la función que éste cumpla, así como el aspecto decorativo o placentero para los sentidos, es decir, el aspecto estético.

Es precisamente cuando hablamos de los sentidos, que entendemos el término de significado, ya que tiene que ver con lo que expresa el objeto diseñado, lo que nos hace sentir, significado que el diseñador le da inspirado en sus sueños y aspiraciones, o en los sueños y aspiraciones de los usuarios a los que va dirigido, y no meramente en la utilidad, que se basa en la practicidad de dicho objeto.

Creo que es sumamente motivante el crear objetos que cumplan con ambos aspectos del diseño, es decir, con la utilidad y el significado, pero también creo que es un gran reto el ser acertado y por consiguiente, aceptado en una determinada sociedad o cultura, ya que tenemos que considerar muchos aspectos, como son, creencias, simbolismos, tradiciones, modas, costumbres, localismos, etc., que pueden llegar a determinar el uso de una figura u otra, de materiales, símbolos, formas y colores diversos.

A lo largo de la historia hemos visto cómo las decoraciones recargadas, como en el siglo XIX, eran lo más apreciado, o las formas sencillas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, que rechazaban dicha decoración, eran consideradas como más apropiadas para la producción industrial, con la aparición de formas geométricas abstractas como la escuela Bauhaus en Alemania.

En fin, creo que el diseño debe tomar en cuenta al usuario al que va dirigido, cumpliendo con los aspectos de utilidad y significado, y, por supuesto con la inspiración y creatividad personal del diseñador, para ser considerado como un buen diseño, ya sea que vaya dirigido a una pequeña localidad o al mundo entero cada vez más globalizado.

En este sentido, la globalización representa un nuevo reto, ya que se presentarán dificultados tanto en la forma como en el marketing para llegar a comunidades distintas, con niveles de educación distintos o con valores e ideologías muy diversas; todo esto sin ofender a nadie y haciendo el producto atractivo para todo tipo de población.

“Utilidad y significado” Andrés Basantes

“Utilidad y significado”
Andrés Basantes

Este texto parece ser una introducción hacia un estudio más profundo entre la utilidad y el significado de los objetos, sin embargo en estas cortas 10 páginas se inicia ya con un ligero análisis entre estos dos ámbitos del objeto.
Se empieza con una pequeña reseña histórica sobre el diseño de los objetos del siglo XX en comparación con los del siglo XIX, se recuerda sobre el devalúo de la decoración y sobre la máxima de Sullivan “La forma sigue a la función”. Esta frase es tan debatida por los diseñadores por la carga de valor que se deposita unas veces en la utilidad y otras en el significado. Cada uno de nosotros somos libres de elegir el bando de ataque y no estamos exentos de críticas. Así mismo el texto nos advierte sobre la estrecha relación entre forma y uso del objeto, unas veces ni siquiera es controlado por el diseñador y se alude al acervo cultural que el hacedor del objeto impregna en su obra o a la utilidad netamente técnica de un objeto. En este punto se nos deja en claro que debemos tener mucho cuidado al intervenir en espacios ajenos a nuestra cultura e incluso actualizarnos en el entorno propio antes de presentar un objeto, ya que la solución puede generar más conflictos que lo solucionado.
La parte que más me interesa de la lectura es precisamente la discusión que se genera por la globalización en las culturas ya que este fenómeno mercantil busca estandarizar los objetos de uso y formas de vida de todas las culturas, de ejemplos se mostraban en el texto intenciones de estandarizar un frigorífico en Europa, o publicidad que para unos era erótica o simpática y para otros era irrespetuosa y racista. Más allá de los productos, los efectos de la comunicación mundial y la globalización nos han traído incluso pieles superficiales de otras culturas, se entiende así la orientalización de occidente (feng shui, yoga, budismo, etc.) como la occidentalización de oriente (uso de marcas, rompimiento de costumbres). Estos datos nos refuerzan aun más la idea sobre la necesidad del diseñador en contextualizarse antes de diseñar.
Recordando el texto me pareció muy importante también recordar que las intenciones que expresa el diseñador pueden ser tergiversadas o ampliadas por el usuario final del objeto, así recordamos que los objetos generan sensaciones que muchas veces no son premeditadas por el autor de los mismos, se rompe entonces la estandarización. Los ejemplos abundan en la cultura latinoamericana desde la apropiación del conductor de pesero que le incrusta un Cristo y mil adornos a la cabina hasta el elegante restaurante que rompe con floreros de colores el minimalismo de un establecimiento. Somos barrocos.

Utilidad y Significado, David Almog

Los hombres, formamos parte de un colorido abanico de diferentes culturas, costumbres, rituales y formas de vivir. Dependiendo el grupo del que formamos parte, de nuestro contexto, adoptaremos determinadas conductas respecto a nuestra vida y a la forma en que nos desenvolvemos e interactuamos con todos los agentes que se integran a ella. Uno de éstos agentes que interfieren en nuestra forma de vivir y, en nuestro contexto por lo menos, determinan el rumbo de nuestra vida.
Ahora, la función de un objeto es el de resolver necesidades percibidas, ya sean psicológicas como el prestigio o placer, o físicas hablando de llevar a cabo una actividad con mayor facilidad. Éstos dos elementos por lo general van entrelazados; cuando un objeto ayuda a que una actividad se realice de una forma rápida, simple (o elaborada complicada, dependiendo la finalidad del diseño) viene a su vez acompañado de un placer de uso, placer que nos brinda estatus social, satisfacción propia, etc.
Cuando un objeto cumple con éste cometido, es un objeto útil, ayuda a completar una acción sin estorbar al usuario.
A lo largo de la Revolución Industrial, entra en debate la utilidad de los objetos, pues movimientos como el Arts & Crafts, que son paralélelos al surgimiento de estilos historicistas como el neobarroco y neogótico, buscaban únicamente que el objeto fuera estético, abusando con el uso de la ornamentación. Los procesos industriales exigían diseños más sencillos y simples de fabricar, puesto que el proceso industrial se entorpecía con todo lo que personajes como Peter Behrens, o Walter Gropius llaman “innecesario”. Comenzó la búsqueda de simpleza y aumento en la utilidad de los objetos, presentándose el estatuto “la forma sigue a la función”.
Ahora, teniendo formas simplificadas y procesos industriales mejorados, se buscó la estandarización de los objetos, para agilizar su proceso de producción y expandirse en el mercado. Algunos objetos han logrado globalizarse, pero ha tenido su precio.
Con tantas culturas diferentes, y como lo mencionaba antes, el hecho de que el hombre tiende a dotar de alma a los objetos, provoca un catálogo aun más amplio de significados que los objetos adquieren dentro de cada grupo o hasta podríamos hablar de una significación personal con la cual se dota al objeto.
Ésta estandarización, es un problema por eso mismo, existiendo tantas culturas los objetos que son útiles y significativos para unos, entorpecen u ofenden a otros.
En México, el diseño, como muchas otras cosas, tiende a copiar a la cultura europea y estadounidense. Se coloca al diseño en el papel de “cosas bonitas” para una clase privilegiada. Siendo los pilares de lo que es un objeto, cuando hacemos esto, ignoramos lo que nuestra cultura requiere, lo que nuestra cultura considera útil y significativo.
Sólo nos enfocamos en un muy reducido campo y no vemos lo que el resto de nuestro país necesita. Es por eso que estudiar comprender y aplicar lo que para los mexicanos nos es significativo y nos es útil es sumamente necesario si queremos que el diseño en México de un paso adelante.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Diseño y Bienestar social

Quien quiera ver el depurado comedor "línea danesa", de Van Beuren que se expone en el Museo Franz Mayer, evocará seguramente las comidas familiares de hace algunos lustros; si se trata de un viejo trabajador de la ya extinta marca mexicana, sin duda se remontará a los días en que los terrenos de la compañía en Naucalpan abarcaban, amén de la fábrica, las viviendas de los obreros, la escuela, el campo deportivo. Todos rememorarán una vida más sosegada, que hoy parece inverosímil.

"Huellas de la Bauhaus. Van Beuren, México" es una muestra que no solamente rescata el legado de una de las industrias nacionales más notables del siglo XX, sino también un concepto de comunidad productiva que beneficiaba tanto a los patrones como a los obreros. La curadora de la exposición, Ana Elena Mallet, ha localizado a varios de los antiguos trabajadores de la gran planta que existió hasta los años 70 en Naucalpan de Juárez. Sus testimonios pueden ayudar a reconstruir una parte de la historia industrial mexicana.

* DISCÍPULO DE LA BAUHAUS

La escuela alemana Bauhaus fue una de las instituciones que revolucionaron el diseño industrial, la arquitectura y las artes aplicadas en las primeras décadas del siglo XX. Amén de sus enseñanzas profesionales, las propias instalaciones funcionales y modernísimas del plantel se convirtieron en el paradigma de una nueva era en las construcciones, los ambientes y los enseres destinados a la vida cotidiana de la sociedad de masas.

Era la Bauhaus una comunidad integrada, donde los profesores residían permanentemente y también convivían con sus discípulos en toda clase de actividades, no solamente en las aulas. Fueron célebres las fiestas temáticas de la escuela, su orquestina y sus incontables experimentos de diseño industrial.

Michael van Beuren (nacido en Nueva York, el 18 de marzo de 1911) estudió en la Bauhaus entre 1931 y 1932. Entre sus maestros se contó Mies van der Rohe, uno de los revolucionarios de las artes aplicadas. Van Beuren llegó a México en 1937 y, tras desempeñar diversas actividades, se abocó al diseño y fabricación de muebles, con el objetivo de llevar a la realidad los ideales de la Bauhaus: producir unos muebles innovadores, funcionales, de alta calidad, pero de precio accesible.

Junto con el diseñador alemán Klaus Grabe, condiscípulo de la Bauhaus, creó la pequeña empresa, Grabe & Van Beuren; más tarde creó su primera marca, Domus, y en 1941, Van Beuren obtuvo un premio en el concurso "Diseño Orgánico para Mobiliario Habitacional", convocado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Su silla de reposo "Alacrán" se puso a la venta en una de las tiendas neoyorquinas más acreditadas.

En 1950, con la incorporación de su hermano Fredderick T. van Beuren, la empresa familiar se convirtió en Van Beuren S.A. de C.V.; la compañía produjo en serie sus líneas de muebles modernistas, que se ganaron rápidamente la preferencia de los consumidores. Así, a mediados del siglo XX, la fisonomía de los hogares mexicanos se renovó y el cine nacional, casi intuitivamente, capturó algunas imágenes de aquella transformación.

* MODERNISMO A LA MEXICANA

Ana Elena Mallet comenta:

-"La línea danesa es un ejemplo de cómo se pueden hacer muebles económicos, con soluciones muy creativas y sencillas. Muchas de estas soluciones que Michael van Beuren presentó en esta línea danesa fueron copiadas intensamente, porque eran muy funcionales, muy sencillas y muy fáciles de aplicar, como las patas con sus bases protegidas con latón para que no se desgastaran y fueran intercambiables, o la sustitución de los tiradores tradicionales por círculos de latón hundidos en la madera. La 'línea danesa' y la 'línea pino', fueron las más populares, se vendieron con gran éxito en las tiendas departamentales; se imitaron mucho, porque eran muy económicas y con muy buen diseño. Hubo toda una serie de seguidores de Van Beuren".

Van Beuren adaptó la filosofía de la Bauhaus al medio mexicano, comenta Mallet: "Muchos de estos diseños, como las patas abiertas en ángulo, vienen directamente de la Bauhaus, de la vertiente funcionalista que vivía su auge en Europa durante los años 30, 40, e incluso hasta los 50. Lo que pasa es que Michael van Beuren, en lugar de recurrir preferentemente al material que más se utilizaba en la Bauhaus, el metal, se abocó mucho a las maderas, porque en México había muchos tipos de madera, y los artesanos sabían bien cómo trabajarla. Era a lo que estaba acostumbrado el mercado mexicano, más que al metal que a nuestra gente le parecía muy frío, por lo que se inclinaba mucho más hacia los muebles de madera. En la actualidad aún contamos con una mano de obra muy calificada para el trabajo con la madera. Es un factor que deben aprovechar los diseñadores actuales".

En los años 70, la casa Van Beuren llegó a tener un aserradero por el rumbo de Tlatilco; ahí se procesaban no sólo las maderas del país, sino incluso algunas que se importaron del África. Sin embargo, las restricciones y reglamentos a favor del medio ambiente en los años 70 obligaron a cerrar aquellas instalaciones, por lo que la compañía se abocó a la fabricación de muebles exclusivamente.

* UNA COMUNIDAD INTEGRAL

La compañía Van Beuren aplicaba los "métodos racionales estimulantes" de trabajo: los obreros vivían en las casas erigidas en los terrenos de la empresa, comían en las instalaciones de la misma y los niños asistían a la escuela de la planta. Nadie tenía que invertir tres horas para trasladarse de su domicilio a su centro laboral, ni había necesidad de llevar a los escolares en camión hasta las aulas.

Mallet ha estudiado aquel sistema: "fue un modelo de trabajo adoptado por diversas compañías: atrás de lo que fue Loreto y Peña Pobre, todavía están las casas de los antiguos trabajadores de la desaparecida fábrica de papel; este esquema se desarrolló durante los años 30, y en México, compañías como Van Beuren o D.M. Nacional, lo supieron aplicar muy bien. Era un modelo de alguna manera de izquierda, que sí generaba bienestar en la vida de los trabajadores y de sus familias. Los hijos de los trabajadores iban a la escuela ahí, la gente iba a misa los domingos en una capilla que había en las instalaciones; había actividades recreativas, cuando eran las fiestas de los trabajadores había corridas de toros. Existía una comunidad establecida".

¿Funcionaba bien aquel modelo? Mallet contesta:

-"Sí, por lo que me dicen los trabajadores que logré entrevistar, les funcionó muy bien hasta los años 70, cuando se vendió la fábrica y la gente se dispersó. Muchos seguían viviendo en las viejas instalaciones, pero ya trabajaban en otros lados. Creo que también el desbordamiento de la ciudad ocasionó que ese tipo de modelos dejaran de existir. Pero funcionó muy bien. Hay una parte de esa historia muy importante que está saliendo a la luz, a raíz de estas investigaciones del diseño que hemos realizado, que es la historia industrial de México. No existe un Museo de la Industria en el país, ni existe una historia de la industria. Hubo grandes industriales en nuestro país, como Michael van Beuren, don Carlos Prieto, don Antonio Ruiz Galindo, que fueron parte de ese desarrollo moderno del México de los años 40 y 50. Ese es un legado muy importante, que incluso las propias empresas no han sabido rescatar".

Un testimonio fílmico de aquel modelo es la película "Borrasca en las almas" (1954), de Ismael Rodríguez, donde Carlos Orellana es un obrero recién llegado a la hoy desaparecida planta D.M. Nacional. La cinta muestra las viviendas, amplias, modernas y funcionales del personal, el campo deportivo, el gimnasio, la escuela, la piscina con trampolín, la tienda de consumo y el espacioso comedor.

Éstos son otros tiempos, pero hay unas enseñanzas inapreciables en la historia de aquellas industrias; nos podrían ayudar a resolver muchos de nuestros problemas actuales, a reconstruir una sociedad más racional y, sobre todo, el sentido de comunidad.

La muestra puede visitarse de martes a domingo, en Avenida Hidalgo 45, Plaza de la Santa Veracruz. Martes a viernes, de 10:00 a 17:00 horas; los sábados y domingos, de 10:00 a 19:00 horas. Habrá mesas redondas sobre el influjo de la Bauhaus en México y sobre el rescate del diseño mexicano.

Michael Van Beuren

Michael van Beuren nació en Nueva York, el 18 de marzo de 1911. Llegó a México en 1937 buscando nuevos horizontes y la posibilidad de ejercer como arquitecto no titulado. Primeramente pasó una temporada en Acapulco, y se hizo cargo de la construcción y el diseño de interiores de los bungalows del Hotel Flamingo’s, posteriormente se dirigió a la ciudad de México. Sus primeros trabajos en la capital fueron una serie de casas que llevarían los números 1, 2 y 3 en la calle de Liverpool.

Una vez acoplado al país, Van Beuren se dio cuenta de que sería difícil ejercer sin el título de arquitecto, pero que con su habilidad y conocimientos adquiridos en la Bauhaus, podría incursionar en el ramo mueblero y brindarle a la sociedad mexicana una nueva oferta de diseño, más acorde con los nuevos tiempos, y que se adaptaría a la arquitectura moderna que ya destacaba en el panorama.

En 1938 comenzó a diseñar muebles con su colega de la Bauhaus, el diseñador alemán Klaus Grabe, de esta forma crearon una pequeña empresa que operaba bajo el nombre de Grabe & Van Beuren.

Posteriormente Michael van Beuren creó Domus, su primera marca y probablemente la más conocida. Con ese nombre se abriría la primera tienda en el número 40 de la calle de Hamburgo en la década de 1940; esta compañía sirvió de paraguas a diversas marcas que inundaron el mercado mexicano con interesantes diseños y un enfoque mucho más internacional y moderno, dejando atrás el “estilo mexicano” que los intelectuales y artistas habían tratado de poner de moda en esta búsqueda frenética por una identidad nacional.

En 1941, Van Beuren participó en el concurso Organic Design for Home Furnishing (Diseño Orgánico para Mobiliario Habitacional), organizado por el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Este certamen por primera vez incluía a diseñadores latinoamericanos en su convocatoria. Esa ocasión la dupla formada por el matrimonio de Clara Porset y Xavier Guerrero y el terceto conformado por Michael van Beuren, Klaus Grabe y Morley Webb ganaron un galardón. Fue entonces cuando la chaise loungue a la que Michael había bautizado como Alacrán comenzó a comercializarse en Bloomingdale´s a un precio de 69.98 dolares.

En 1950 Fredderick T. van Beuren, hermano de Michael, pasó a ocuparse de la parte de producción del taller, con la intención de hacerlo más eficiente, de crecerlo con miras a convertirlo en una verdadera fábrica. Con su hermano dentro del organigrama, el negocio dejó de llamarse Domus –aunque se conservó la marca – para convertirse en Van Beuren S.A. de C.V.

Hacia mediados de aquella década, Van Beuren, S.A. de C.V. ya era capaz de producir en serie, lo que le permitía realizar varias líneas al mismo tiempo y también conservar una estupenda calidad.

Además de Domus, Van Beuren produjo otras líneas que resultaron muy exitosas y llegaron en el momento en que México buscaba la transición hacia una estética más internacional. Tal fue el caso de la marca Calpini de la que da cuenta la revista Espacios de 1951, y de Decapóls (1961), que con una fuerte influencia bauhausiana, fue una de las más populares durante aquel periodo y llegó a tener un gran éxito de ventas en almacenes como El Puerto de Liverpool.

Michael van Beuren siguió diseñando y se retiró a vivir a la ciudad de Cuernavaca donde falleció en 2004. Hoy sus muebles, representan uno de los momentos más fructíferos de la producción de mobiliario en el país, y han pasado a ser parte importante de la historia del diseño en México del siglo XX.

En el marco de la exposición, el museo presentará una serie de talleres infantiles que se llevarán a cabo todos los domingos de julio bajo el título de La forma sigue a la función con el objetivo de que los infantes conozcan la vida y obra de Van Beuren, así como la evolución del diseño mobiliario en México. Asimismo se realizarán una serie de conferencias dirigidas al público en general en el que participarán connotados arquitectos y diseñadores.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

David Almog: “De Las Confusiones De Un Nacionalismo Cultural”

Universidad Iberoamericana
Diseño Industrial
Diseño Industrial en México
David Almog S. Tawil

La Cultura, es el conjunto de formas de pensar, modos de vivir, logros y realizaciones pertenecientes a un grupo de personas en determinado tiempo y espacio. Una nación se conforma por éstos grupos de personas, que comparten valores, unidos por un fin en común.
El término “Nacionalismo Cultural” puede ser interpretado de tan varias formas, pero en realidad es un concepto muy complejo. Nacionalismo cultural responde a la búsqueda de mantener en cierto sentido “protegida” la cultura propia de posibles influencias externas, críticas o demás elementos, pero desde ése momento ya nos estamos contradiciendo; el querer mantener a una cultura aislada va en contra de la naturaleza de la cultura misma, pues ésta tiende a evolucionar, a absorber características de otras y responder a lo que su gente necesita, piensa y siente en ese momento. Inclusive por interés político, el “rescatar” una cultura nacional para levantar la moral de la sociedad o sea cual sea su fin, es rescatar algo vacío, que carece de autenticidad aun presentado la esencia de lo que consideramos como nuestra propia cultura, ya que responde a la necesidad o interés de una persona o un solo grupo, en este caso el Estado, buscando que los lineamientos que se establezcan como parte de una cultura nacional se sigan simplemente porque si. Es por eso que es de suma importancia entender que nuestra cultura será nuestra y solo nuestra cuando comencemos a juzgarla con los ojos abiertos, a no hacer las cosas porque si, hacerlas porque entendemos lo que engloba y lo que se busca con ello. Debemos ser congruentes en éste sentido; juzgar, criticar y entender por qué hacemos las cosas sin perder la esencia misma de éstas, de esta manera estaremos dando lugar a que la cultura evolucione, respondiendo a las necesidades de la sociedad en el momento y sin estar perdiendo su autenticidad.
Ahora, el hablar de un nacionalismo no es lo mismo que hablar de la identidad nacional. Siguiendo la misma idea anterior, el nacionalismo es una ideología, es decir, responde únicamente a los intereses de quien o quienes la proponen, pero no tiene un significado más profundo para los demás, simplemente se siguen de forma pasiva. Es por eso que por el simple hecho de juntar ésta palabra con cultura, automáticamente se nos da a entender que en ningún momento se propiciará la evolución de ésta; la cultura será considerada como tal sólo cuando ésta responda directamente a las metas de la ideología que lo propone. Al permitir esto, en lugar de proteger nuestra cultura, estaremos condenándola. En cambio, la identidad nacional es parte del porqué adoptamos una cultura como propia; es un ciclo en el que se entiende y se acepta el porqué de la cultura a la que pertenecemos y éste sentido de pertenencia nos da el impulso para entenderla y aceptarla.
Es por eso que es necesario entender nuestra cultura y saber por qué hacemos lo que hacemos, criticarla cuando es necesario y dar la bienvenida a cambios cuando sea preciso. De ésta manera, propiciaremos la evolución de nuestra cultura y su congruencia con lo que vivimos y sentimos en éste momento y en éste lugar.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Esteban Pacheco. Nacionalismo Cultural

Desde que este texto de Luis Villoro fue escrito hace casi 30 años, poco a cambiado la situación en cuanto a la cultura mexicana. Considero que hoy en día no hay lugar para un “nacionalismo cultural”. El término es un tanto obsoleto, hace cincuenta años creo que se podía más o menos definir en medio de un país relativamente aislado del exterior. Lo que tenemos hoy en día en México es algo que creo que puede ser llamado un “regionalismo cultural”, especificidad creativa más local, donde se mantienen las tradiciones de una región pero en cierta manera se toman aspectos concretos de otras para ser incorporadas o fusionadas.
También esto abre una pregunta ¿realmente podemos fundir en “nacionalismo” una cultura tan rica como es la mexicana, toda su diversidad, tradiciones y costumbres? Tan solo pensemos en toda la cantidad de variantes que tenemos en la comida, por ejemplo, si bien hay aspectos que son comunes la cultura culinaria varía mucho de región en región ya sea por las diferentes especias y productos, como las formas de prepararla, desde nuestras raíces indígenas hasta los ingredientes incorporados traídos desde otras culturas.
Creo que esta analogía se puede pasar al diseño donde no es lo mismo una silla con aspectos de la tradición oaxaqueña a una desarrollada en algún pueblo de la región chiapaneca por ejemplo.
Hoy en día hace falta en todo caso una definición de “regionalismo cultural” que hable de las diferencias y especificidades regionales, que promueva y proteja las raíces de las culturas, pero que sin embargo no se cierre a la creación y fusión de culturas. Después de todo nos guste o no vivimos en un mundo globalizado con siglos de influencias culturales entre unos y otros.
Esto en la cultura. Pero si movemos el termino “nacionalismo cultural” a otros aspectos más generales podemos darnos cuenta que ni en la economía ni en la política mexicana podemos hablar de un nacionalismo, de algo propio surgido de tradiciones nacionales, o formas de gobierno autóctonas. Si las hay, nos referimos a los “usos y costumbres” de pueblos indígenas, las cuales hay que respetar y contribuir a su existencia.
Hoy en día el diseño latinoamericano es básicamente hacer piezas de mobiliario u ornamentación, artesanías, con un estilo súper folclórico y que si lo analizamos bien es pasar del recuerdito a algo que emula la estética europea o americana solo con diferentes materiales en lugar de diseñar. O peor aun traer diseños europeos y insertarlos en nuestra cultura cuando ni siquiera fue diseñada para nosotros.
Lo peor es que pocos países tienen los recursos culturales que tiene México si realmente apoyáramos a nuestro país, generáramos formas de usar nuestros recursos en lugar de tener que mandarlos a otro país para que lo transformen en algo útil y después pagar casi el doble por el material ya maquilado; eso seria un buen inicio.
En México sobra talento, lo que nos falta es apoyarnos mutuamente, no se trata de estar echándonos lodo unos a otros, tenemos que madurar como nación y sobre todo dejar de querer copiar a Estados Unidos, Europa o Asia, en general, encontrar nuestro propio estilo de diseño un estilo que englobe toda nuestra cultura y tradiciones, pero que vaya mas allá de ser algo ornamental o de mobiliario, que sea algo que realmente ayude a generar un cambio, un verdadero “milagro mexicano”.

Campo académico de la innovación y la relación con una perspectiva de diseño ..Valeria Alejandrina Jimenez Pinzón

Campo académico de la innovación y la relación con una perspectiva de diseño ::Valeria Alejandrina Jimenez Pinzón. Resúmen de  Leon Cruick...